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Swinger, incursionando en el mundo de los tríos E-mail

Swinger, incursionando en el mundo de los tríos

Lejos de ser un espacio liberado para el descontrol y la fiesta esta práctica tiene sus propias reglas y ética. Entrá y conocé cómo se juega.

 

Para algunos, una forma de vida y de llevar fantasía a la pareja, para otros el desborde y el anonimato sexual. El swinger responde a una mayor amplitud sexual, todo ello sin tocar los sentimientos ajenos. Mientras los swingers se rearman en comunidad y difunden su ética, otros fingen serlo para estar de fiesta en fiesta.

La incursión al mundo swinger exige varios ítems que no pueden pasarse por alto. Primero, una amplia libertad carnal, luego un listado de prevenciones y por último, una moral inquebrantable. A su vez, boliches, revistas y sitios web son el campo de interacción –bastante amplio, por cierto– para una práctica que hasta el día de hoy se oculta socialmente.

Una vez leído el código ético que pregona la mística swinger, la curiosidad puede acechar o alejar. Algo es concreto, invadir sentimientos y/o romper corazones y entrar en dimensiones abstractas queda terminantemente prohibido. Y la homosexualidad o la bisexualidad no se incluye en los parámetros de las normas establecidas. De pretenderlo, debe ser aclarado de antemano. En el swinger, la homosexualidad no se supone.

Hasta aquí la doctrina, un marco teórico que fija las reglas de juego. Pero en el sexo todo vale, y las reglas pueden cumplirse poco, nada y menos también.

El diagrama swinger de Buenos Aires nos regala diferentes boliches de diversos niveles y precios. Los más prestigiosos tiene sus respectivas Webs en donde hacer reservas, obtener descuentos y hasta registrase y conocer gente afín.

Los costos de las entradas varían tanto como su configuración y el día en el que se acuda. Desde sesenta (martes y miércoles) hasta cien pesos (de jueves a domingos) por pareja; y desde cien a doscientos cincuenta pesos para hombres solitarios. Las mujeres solas, por lo general, entran gratis. El target de gente que circula por estos sitios, oscila entre los veinticinco y cincuenta años.

En sus interiores, bajo una luz que posee el mínimo requisito como para no caerse, los salones muestran pistas de baile, barras, mesas y boxes con mullidos sillones donde encontrar más intimidad. Algunas discos, en su interior tienen piletas, table dancer y hasta mini habitaciones. Mozas y chicas que hacen las veces de guía, completan los difusos paisajes.

Lourdes, de indescifrable edad y cuerpo moldeado por varios años de gimnasio, hace de brújula humana a aquellos que demuestran no saber cómo moverse. Ella, de diminuta pollera y ajustado top, explica y muestra todas las opciones que ofrece una de las discos más reconocidas: "Hay un salón al que sólo se puede acceder en pareja, más allá están los boxes libres, en el primer piso está la barra y la pileta. Dentro de una hora habrá un show erótico. Hoy es la noche de las batas, así que es obligatorio ponérselas; en el guardarropa se las van a dar", les comenta a una pareja de unos cuarenta años que parece haber ido por primera vez.

Al preguntarle, Lourdes cuenta: "Laburo acá desde hace un año, soy como una anfitriona, tengo que hacer sentir cómodos a los que llegan. Mi pareja trabaja acá como seguridad y salimos desde hace tres años. Me considero swinger, no me molesta para nada que él esté con otras mujeres. Es más, se las elijo yo. Como él lo hace con los hombres. Por lo general nosotros elegimos a las parejas. Pero siempre de a par. Yo con mujeres sí, pero mi marido con hombres no. No me gusta", sentencia.

La postal del lugar ofrece lo más variado del acto sexual en sí. Donde la luz escasea, algunos bailan y otros conversan o toman algo, mientras se ven a aquellos que en soledad caminan en busca de un trío. Donde la luz ya casi no llega, la visión es más turbia: los boxes (los cuales están uno pegado al otro, divididos por cortinas), en su mayoría están ocupados por tríos o cuartetos en pleno acto sexual. En los más alejados, todo se tiende más complejo y pueden encontrarse a cuatro o cinco muchachos alrededor de una mujer. Y aquí es donde ese código swinger del que tanto se habla queda un poco al margen. Que la mujer obtenga placer a cambio de entregar a su marido, mientras que el hombre sacrifica un poco de sus celos a cambio de experiencias nuevas, queda en el olvido. En esas montoneras de manos y piernas, la impronta swinger queda desdibujada.

"No me da celos, yo sé lo que siento por él y él sabe lo que siente por mí. Ninguna relación sexual lo va a cambiar. Queda en eso y nada más. Lo que tratamos es que sean visualmente agradables. Yo gozo viéndolo con otra mina, mientras yo estoy cerca de él con otro tipo. A él también le gusta que yo esté con mujeres. Y a mí también me seduce estar con mujeres. El deseo que siento cuando lo veo con otro no se compara con nada", completa Lourdes su idea.

Para aquellos que tengan una concepción distinta del sexo, una buena opción. Para aquellos que gusten de la variedad instantánea, una mejor.

Fuente: http://www.tiempodesanjuan.com/notas/2011/12/7/swinger-incursionando-mundo-trios-3093.asp

 

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