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HOJAS AMARILLAS E-mail

Esas hojas amarillas en el césped en pleno febrero son una metáfora de mi actual situación.


El sábado anterior estuvimos con otra pareja. El juego de cuatro acostumbrado, con intercambio de parejas, sin terceros ajenos. Y nuevamente volví a fallar. No logre una erección con la mujer del otro. Y había masticado un Horst como prevención.

Pero cuando el problema está en la cabeza, el medicamento no ayuda para nada, comprobado in situ. El marido de la otra mujer al ver la situación fue muy ubicado. Dejó su pasión con Laura y abandonamos el intercambio para ir cada uno con su mujer. Una vez con Laura tuve una erección instantánea, como siempre me ocurre con ella. Igual fue divertido, estar los cuatro en la cama, a pesar del fracaso en el intercambio. Pero a la salida del hotel, una vez que cada pareja se metió en su auto para hacer el retorno a casa, Laura estaba furiosa. Tuvimos una de las peores discusiones de los últimos años.


Sentía vergüenza ajena por la situación. Que yo le había fallado. Que se iba a correr el rumor de mi impotencia entre las parejas, que mejor era abandonar la actividad. Mientras la escuchaba analizaba en que clase de mujer se ha transformado Laura. A pesar de tener mi autoestima a la altura de la alfombra del auto, mantenía la cabeza fría para no estallar y empeorar las cosas.


Recordaba ahora una escena en el hotel: la otra mujer al percibir que no conseguía la erección tuvo una especial sensibilidad conmigo y una dulzura sorprendente. Comenzó a acariciarme y decirme que todo estaba bien, que no importaba. Que era muy habitual. Cuando el marido de ella abandono a Laura para volver a su esposa, mi mujer me dirigió una mirada reprochadora y me preguntó que me pasaba en un tono que sorprendió a la otra mujer. "Que le decís? No ves que así es peor" el reproche de la otra mujer sobre Laura lo decía todo pero yo me sentí más miserable.

Mas que por mi fallida erección por comprobar la metamorfosis negativa que esta sufriendo mi mujer. La practica swinger esta transformando su autoestima en ego. Y cuando eso pasa en uno de los cónyuges, ocurre como el árbol en otoño. Las hojas se ponen amarillas y luego caen hasta que ya no queda ninguna.
Hoy estoy detestando esta práctica y sinceramente estoy considerando abandonarla.

El tiempo dirá.

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